Llegó a mi vida de la forma menos esperada una tarde de noviembre hace ya algunos años, en ese juego de la tecnología y la comunicación vía computadores que supe de ella,
trabajaba en la misma compañía donde laboraba, pero existía un “pequeño” detalle estaba a muchos kilómetros de distancia lejos de mi; desde que la conocí sentí una extraña conexión hacia ella, pese a que ambos estábamos aún con alguien, sentía en ella ese calidez que no había sentido hace mucho – creo que la quise desde esos primeros días – , esa calidez similar a aquella canción que lleva su nombre. Dejé que pasara todo, poco a poco fuimos comunicándonos más, me di con la sorpresa que era muy afín a mi forma de ser, de sentir, de vivir, de gustarle la música; dije: “quizás solo sea el momento o una pequeña idea que se iba formando en mi mente”, así es que dejé que el tiempo hiciera lo que sabe hacer.

Un día me contó que no se sentía bien con esa persona que tenía en su vida, pensé que talvéz podía ayudarla a disi

Siguieron pasando los días y en una oportunidad me hizo una oferta nada difícil de rechazar, deseaba que si en unos años ninguno de los dos se casaba, pues desearía casarse conmigo; recuerdo que en algún momento me hicieron una propuesta similar, pero no la sentí tan a gusto como cuando especialmente este amor me lo propuso, pensé que quizás sería un momento de desasosiego de ella, o derrepente un momento de desesperación futura de decir no a la soledad.
Si bien nunca sentí sus labios, su piel y su aroma enredándose en mi ser; fue un amor que nunca olvidaré; me quedará en la memoria aquella frase de canción de Chabuca Granda: “cómo será mi piel junto a tu piel…”, sentí en aquella fracción de espacio, tiempo y dimensión que era el gran amor de mi vida, llegaba en un momento formidable, en tiempos de madurez, estabilidad y con aquellas ganas de volver a amar de la forma más real y leal. Descubrí con ella que podía volverme a enamorar como un niño loco, ganas que pensé había perdido después de varios desamores.